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Todo el mundo te mira
En cualquier ciudad española durante una jornada normal te grabarán al menos 8 veces. En un año, serán más de 3000 las cámaras de video vigilancia que habrán registrado tu imagen. Una tupida red se teje a nuestro alrededor, compuesta por policías, patrones desconfiados, empresas de marketing directo, chantajistas a la caza de información comprometedora, agencias de espionaje, bancos y ayuntamientos preocupados por controlar a sus ciudadanos. Su eficacia ha conseguido que ya casi nada sea confidencial.
Sin duda lo más clamoroso. De esta red lo representan las videocámaras. Desde la aprobación de la Ley de Videovigilancia en 1997, su empleo se ha disparado hasta un extremo que la industria de la seguridad sitúa en torno a “cientos de miles” los sistemas en activo. En teoría, la instalación de cámaras fijas y móviles en lugares públicos debe tener la aprobación de la Comisión de Video vigilancia de cada autonomía. En la práctica, cuando el descontrol. La Delegación del Gobierno de Madrid ha admitido a “El País” que hacer un censo de las cámaras en esta Comunidad es imposible. “Es como contar el número de televisores que hay en la capital”. Solamente en el Pais Vasco podría haber una diez mil cámaras distribuidas en lugares públicos y eso in contar las que observan el interior de los edificios.
Lo mismo se observa en otras regiones. “Los ayuntamientos hacen lo que les da la gana” reconoce la Delegación de Gobierno de Valencia. Las instalan donde quieren, y en pocas ocasiones lo notifican a la autoridad. El sistema vigente en el País Vasco permite que si un peatón advierte un delito o indicios sospechosos, pueda apretar un botón de alarma que sonará en la comisaría correspondiente. Allí en el mosaico de pantallas, los agentes podrán observar lo que ocurre en cada punto. Las cintas con las grabaciones servirán como una prueba más para el juez. Ha dicho Romero de Tejada, alcalde de Majadahonda, una localidad madrileña donde se planea instalar un sistema de control por video que podría costar unos 15 millones de pesetas.
La normativa obliga a informar públicamente de la presencia de las cámaras (aunque no exige dar su ubicación), y ni siquiera este primer requisito se cumple.
EL GRAN HERMANO.
Entre las ciudades españolas más vigiladas están Madrid, Bilbao, Málaga, Lleida, Santiago de Compostela, La Laguna y Barcelona, donde irónicamente uno de los lugares sometidos a la vigilancia de una cámara es la plaza de George Orwell, el escritor británico que desde su novela ‘1984’ alertó del peligro del abuso de dispositivos de control en una asfixiante fábula futurista.
Lo extendido de estas prácticas y el sentimiento de indefensión que van extendiendo por la sociedad ha generado un lucrativo negocio. “El aumento de la demanda se ha notado en aparatos de transmisiones telefónicas y ambientales, y en aparatos de localización de pinchazos y cámaras de video” informa Jesús Delgado, director general de Contra Espionaje Electrónico (CEE), una compañía española dedicada al negocio del espionaje doméstico.
Según Delgado, en 1995 se vendieron en la Unión Europea 800000 equipos de escucha, intervención y localización electrónica. “En 1996, esa cifra se duplicó y el negocio no para de crecer”.
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